El oscurecimiento progresivo del escenario político brasileño y algunas urgencias actuales

Por Talma Salem
Doctorante en Artes de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina

Una mujer sube una rampa en Brasilia para recibir la banda presidencial y ser nombrada Presidenta de la República. Lo hace acompañada por su hija. Todos los presidentes que la antecedieron fueron hombres blancos y asistieron a la toma del poder acompañados por sus esposas.

Mucha gente va a las calles a manifestarse contra el aumento de la tarifa del transporte público.

Centenares de personas están en las calles repitiendo al unísono “sem violencia”. Pocos minutos después se escuchan bombas y gritos. Hay humo.

Un hombre negro, reciclador de materiales variados, es detenido y encarcelado por la policía, por cargar en su mochila lavandina y desinfectante para pisos. Se lo llevan por estar cerca de una de las manifestaciones contra el aumento de la tarifa mencionada antes.

Brasil se prepara para recibir la “Copa do mundo”. Siguen las manifestaciones contra el aumento de la tarifa.

La frase “Não vai ter copa” aparece repetidamente en las calles y en las redes sociales.

Las marchas aumentan. El pueblo se toma el espacio público. Ahora aparecen varias reivindicaciones, algunas contradictorias.

Llegan las nuevas elecciones: el país se divide. Por una diferencia de un poco más de tres millones de votos, la presidenta en el poder, Dilma Rousseff, es elegida nuevamente. El candidato opositor hace un llamado  público a los políticos para estratégicamente impedir la gobernabilidad de la presidenta.

Comienza el mundial de fútbol y con él la operación “Lavajato”[1]contra la corrupción. Diversos políticos de la mayoría de partidos son investigados. Empiezan los juicios y las condenas.

El juez responsable de tal operación declara abiertamente una caza contra Luiz Inácio Lula da Silva, expresidente de la República.

En la apertura del mundial de fútbol la presidenta es insultada masivamente. El público presente aprovecha la visibilidad del evento y muestra su cara acompañada de un gran “Fora Dilma”.

Pasado dicho evento, la camiseta de la CBF[2] se convierte en el uniforme de las manifestaciones anticorrupción. Los fines de semana se organizan marchas de este tipo, en donde también predominan los colores patrios, verde y amarillo. En algunas de ellas participan músicos conocidos y hay camiones VIP llenos de champagne.

Empieza el proceso de impeachment contra la presidenta, Dilma Rousseff. En la última instancia del mismo, algunos políticos le recomiendan que se preserve y no se presente.  Ella afirma no tener miedo de lo que viene. Tras 12 horas de preguntas repetitivas sin sentido y agresiones en su contra, es obligada a dejar su cargo…

Así empezamos.

Tolerancia no implica necesariamente respeto. La tolerancia nos abre a una vida de sonrisas falsas.

Durante años toleré chistes machistas. Fingí que no escuchaba comentarios racistas. Evité cuestionar conductas destructivas.

El miedo de entrar en conflicto con personas próximas impide dar lugar al diálogo real. Saber conversar con quien diverge de nuestros posicionamientos es un entrenamiento para toda la vida. Saber qué y cómo hablar… saber, ante todo, escuchar. ¿Es posible un encuentro basado en la escucha cuando parecemos tan opuestos? Si logramos un encuentro poroso de escucha activa, crítica, sin menosprecio hacia las demás, ¿podríamos descubrirnos más parecidas de lo que imaginábamos?… Esto puede asustar.

Hace años las redes virtuales nos conectan, pero al mismo tiempo que nos potencian en la articulación de encuentros, marcan nuestras distancias. Todo tiene que ser rápido e inmediato: no hay tiempo para leer con calma, verificar fuentes de noticias e incluso de memes que han tomado el lugar de la información… Así, entramos en un relativismo general de opiniones y acciones que nunca sabemos muy bien de dónde salieron, pero las asumimos como verdaderas.

Las redes nos conocen mejor que nuestras personas queridas, por los números y análisis de datos que les regalamos a través de nuestro uso de determinadas plataformas. Supuestamente democráticas y accesibles, tales redes nos manipulan al momento de elegir, sea cuando se trata de escoger una zapatilla o un/una presidente/a de la república. Proliferan noticias falsas que incluso luego de ser desmentidas hacen daño, pues ya se hicieron cuerpo en nosotras.

Los disparos masivos de “fake news” por whatsapp fueron el paso final de un plan empezado en 2014 que incluyó el “impeachment” de la presidenta Dilma y la persecución a Lula declarada públicamente, a la que me referí antes. Además, las marchas anticorrupción lideradas por grupos conservadores, los discursos de odio, las censuras a obras de arte, la persecución y amenazas a artistas y profesores, los asesinatos de líderes políticos (entre ellos la brutal matanza de Marielle Franco y del conductor que la acompañaba, aún sin resolución judicial), la agresión contra Judith Butler en su visita a Brasil. Todos son actos que permiten dar cuenta del escenario que se construyó en Brasil en los últimos años.

Para luchar contra la marea de confusión, violencia  y ausencia de diálogo en las redes sociales, en la segunda vuelta de la última elección presidencial en el país, la estrategia civil fue achicar las distancias dando lugar a la conversación cara a cara, cuerpo a cuerpo, generando encuentros cotidianos que en apariencia pasaban desapercibidos, como una charla con un taxista durante el trayecto de la movilización en su auto, o con quien atiende en la panadería dela esquina.

Muchas personas, incluyendo artistas de la televisión, fueron a las calles llevando sillas, mesas, cafecito… y con ello invitaban a la gente a conversar sobre política. Precisamente, sobre las elecciones que se avecinaban. Algunos tenían carteles que decían: “¿Tienes dudas? Vamos a conversar”.

Se formaron grupos de encuentros presenciales: fue una ola gigante de gente encontrándose con gente.

La intención de voto por Haddad subió considerablemente y eso trajo una esperanza importante. Trajo también (aunque tardíamente) la sensación de estar juntas, de hacer parte de algo poblado de sentido. Infelizmente los extremistas se dieron cuenta de esta necesidad del pueblo mucho antes que la izquierda, y por eso tanta gente se dedicó gratuitamente a la campaña del presidente elegido.

A pesar de lo sucedido, algo se abrió:

URGE que nos encontremos, que nos escuchemos, que nos miremos a los ojos reconociendo nuestras diferencias y nuestros puntos en común.

URGE que nos posicionemos, que no nos quedemos calladas ante la más (aparentemente) mínima violencia, de cualquier índole.

URGE que seamos porosas en nuestros encuentros, pero sin hacer concesiones al machismo, al racismo, a la misoginia, a la LGBTQfobia, a los discursos de odio y todo lo demás que pueda ser violento en este momento.

Sin más sonrisas falsas, sin ser conniventes y sin perder la amorosidad.


Notas

[1] Operación contra la corrupción llevada a cabo por la Policía Federal de Brasil. La Operación “Lavado de autos”, en su traducción al español, inició en marzo de 2014 y se denominó así porque el primer sitio allanado por lavado de dinero fue un lugar de limpieza de autos en una estación de gasolina.

[2] Confederación Brasileña de Fútbol.

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