Normalizar

Diego Alamar Goig

Era imposible seguir durmiendo en esas condiciones. No tuve más remedio que asumir la noche en vela, levantarme y poner en funcionamiento la cafetera en mitad de la madrugada. Con la torpeza de quien no acaba de salir del letargo, llené una taza y salí al balcón. Entre sorbo y sorbo escuché un “Sabah alkher” (buenos días). Era mi vecino, que tomaba un té asomado a la ventana. Levanté la vista y vi que en el edificio de enfrente nuestro procedimiento había sido repetido por otras tantas personas. En los balcones se apelotonaban hombres, mujeres, familias, niños y ancianos que desayunaban somnolientos. Todos queríamos ver qué era lo que nos impedía dormir, qué ocurría en la ciudad.

La ciudad era Ramallah, capital administrativa de la Palestina ocupada. Lo que ocurría era algo habitual: el ejército israelí había realizado una incursión nocturna. Los soldados solían entrar en la ciudad durmiente para detener a alguien o para asaltar alguna ONG, medio de comunicación o entidad política. O simplemente para recordar a todos quién mandaba realmente en esa capital ficticia. Siempre que esto sucedía, aparecían numerosos jóvenes palestinos de campos de refugiados cercanos para intentar frenarles. Y comenzaba el nocturno enfrentamiento desigual: piedras contra balas, neumáticos en llamas contra tanquetas, gritos contra sirenas. Con suerte, esas ruidosas noches se saldaban con unos cuantos refugiados heridos. En otras ocasiones había que lamentar víctimas, siempre del mismo lado.

Mis vecinos y yo vivíamos cerca del centro de Ramallah, donde todos estos eventos solían producirse. Los israelíes nunca escatimaban en granadas aturdidoras, un arma que al ser lanzada, generaba un destello cegador y un sonido ensordecedor. Era la estrategia perfecta para que toda la ciudad supiera qué pasaba si te enfrentabas a ellos: tus sentidos eran anulados, tu propia existencia estaba sometida a su voluntad. La primera vez que vives una guerra tan asimétrica bajo tu casa, tiendes a quedarte en tu habitación bajo tu manto de falsa seguridad. Pero esto ocurría al menos una vez al mes. Y la costumbre genera normalidad: la normalidad de poder presenciar con tus propios ojos las injusticias que suceden bajo de tu casa. Con un café humeante entre tus manos.

Ese es el resumen más certero del efecto que tuvieron sobre mí siete años en Palestina: aprendí a normalizar situaciones que jamás deberían formar parte de la vida de nadie. Y, al igual que yo, el mundo ha asumido el conflicto palestino como parte de su realidad. Las intenciones y posibilidades de solucionarlo son hoy en día casi inexistentes. Mientras tanto, Israel avanza implacablemente en su estrategia de limpieza étnica e invasión a cámara lenta.

Casi todo el mundo tiene una opinión sobre el conflicto en Palestina. Hay quien se siente identificado con la causa palestina por razones tan exiguas como la condescendencia con el débil, otros apoyan a Israel como el “bastión que defiende Occidente frente a la barbarie islámica”. Quien conoce mejor la situación política, habla de la falta de derechos humanos en el pueblo palestino o del derecho a defenderse de Israel, dependiendo de con quién simpatice más. Pero hay algo en lo que suelen coincidir: este es un problema realmente complejo. Sin embargo, no creo que sea así. No es tan difícil entender qué pasa allí. De

hecho, la simpleza de la ecuación política es tal, que se vuelve moralmente escandaloso pensar que la comunidad internacional sigue sin reaccionar después de 73 años. Y esto es porque nos hemos acostumbrado a normalizar la injusticia.

Para comenzar, hay que entender que Palestina es una de las mayores víctimas en el mundo de las políticas colonialistas a lo largo de la historia. Romanos, cruzados, turcos, británicos… Palestina nunca tuvo la oportunidad de la independencia. A principios del siglo XX, tras la Primera Guerra Mundial, el Imperio Británico toma el poder en la zona y es aquí, concretamente en 1917, cuando se escribe la Declaración Balfour,[i] en la cual Gran Bretaña se compromete a la creación de un hogar para el pueblo judío en Palestina. Para muchos, la Declaración Balfour es tomada como la demostración de la legalidad del estado de Israel. Pero asumir esto es admitir que una fuerza de ocupación tenga derecho a decidir quién puede vivir en el territorio ocupado. De nuevo se intenta normalizar la injusticia.

Esto hizo despertar al sionismo, que era un movimiento político judío nacionalista que proponía el establecimiento de un estado para el pueblo hebreo. Las migraciones judías a Palestina se multiplicaron, las tensiones ciudadanas aumentaron, la población autóctona comenzó a temer por sus tierras. Y, finalmente, la fundación del estado de Israel mediante la guerra de 1948 marca el comienzo de la política de limpieza étnica, desplazando y aniquilando a cientos de miles de palestinos no judíos. En concreto, unas 750000 personas fueron expulsadas de sus hogares,[ii] más de dos tercios de los habitantes no judíos de Palestina. De nuevo el problema es sencillo: se suponía que el Derecho de Conquista había sido ya prohibido por la Carta de las Naciones Unidas. La aparición de Israel era una irregularidad enorme en el campo del derecho internacional.

Y es una anomalía que se ha ido repitiendo a lo largo de los años. Israel ha continuado su política de expansión territorial en los diferentes conflictos bélicos en los que ha tomado parte, invadiendo zonas tanto palestinas (Gaza o Cisjordania) como de otros estados limítrofes (la península del Sinaí en Egipto o los Altos del Golán en Siria). Pero la comunidad internacional no ha hecho nunca nada para impedir esto, más allá de alguna resolución de la ONU que tenía el mismo efecto que un mensaje escrito en una servilleta. La normalización de la invasión.

Y esto nos lleva a la situación actual. Israel, además de estar fundada sobre una buena parte de la Palestina histórica, tiene bajo control militar a las dos zonas palestinas que sobrevivieron a su propia fundación: Gaza y Cisjordania, dos territorios aislados entre sí que dividen a la población palestina. Salvo autorización expresa (y excepcional) de Israel, los palestinos de Gaza no tienen derecho a viajar a Cisjordania y viceversa. Incluso los gobiernos de cada una de las regiones son distintos, pese a que se supone que responden a una misma entidad nacional. Si tu familia vive en la otra parte de Palestina, no vas a tener derecho a verla.

En mi caso conozco mejor Cisjordania, una pequeña provincia palestina de interior que es donde tuve la oportunidad de residir durante aquellos siete años que me transformaron. Un palestino cisjordano vive en una situación legal muy peculiar. Para empezar responde a las

leyes civiles de la Autoridad Palestina, una suerte de gobierno local sometido a las imposiciones de Israel. Pero por encima de la Autoridad Palestina siempre se encuentra el yugo de Israel, la fuerza ocupante, que tiene sometida la zona bajo la ley militar. Vivir bajo ley militar implica que los derechos humanos pasan a ser una quimera lejana. En Cisjordania no son extrañas las detenciones de niños de incluso 3 años,[iii] los encarcelamientos de años sin acusación previa,[iv] los registros, expropiaciones y destrucciones[v] aleatorias de viviendas o los asesinatos extrajudiciales. Esta situación extraordinaria viene dándose desde 1967. La comunidad internacional tampoco habla por esta gente.

Pero Israel no se conforma con someter a los cisjordanos. Su política de expansión territorial le ha empujado a ir creando a lo largo y ancho de Cisjordania lo que comúnmente se conoce como colonias: ciudades habitadas por judíos que Israel considera como parte de su estado (de hecho, Israel habla de Cisjordania como “territorio en disputa”.[vi] Como ya hemos visto, no le hace falta esconder las intenciones). Esto dificulta aún más la vida de los palestinos, ya que la zona palestina se ha ido convirtiendo paulatinamente en un archipiélago territorial en el cual la comunicación entre las diferentes poblaciones se va complicando cada vez más. En Cisjordania el Apartheid campa a sus anchas. Y el componente étnico de estas desigualdades nos lleva a crear un paralelismo con la Sudáfrica boer. Por poner un ejemplo, en Cisjordania hay carreteras a las que sólo puedes acceder dependiendo de si eres judío o no.[vii] Ha habido incluso declaraciones de activistas pro derechos humanos sudafricanos que afirmaban que lo que ocurre en Palestina “es incluso peor”.[viii] Además, los colonos son principalmente judíos ultranacionalistas violentos que imponen su fuerza frente a la impasividad (cuando no el apoyo) del ejército israelí.[ix] Este es uno de los pocos aspectos del conflicto en los que algunas voces internacionales han levantado la voz, llegando a considerar las colonias como “crímenes de guerra”.[x] Pero de nuevo la injusticia es parte ya de una realidad que parece inamovible.

Y, pese a todo, los palestinos de Cisjordania se pueden considerar unos afortunados, pues la situación en Gaza es mucho peor. Gaza es una provincia costera del sur de Palestina que al igual que Cisjordania resistió la invasión israelí en 1948 gracias a la ayuda de Egipto, pero que acabó sucumbiendo y siendo ocupada en 1967. La política invasora de Israel fue similar a la ejercida en Cisjordania, con ley marcial y colonias judías incluidas. Pero todo cambió en 2005, cuando Israel decidió retirarse de la zona. Sin embargo, la ocupación continúa, ya que Israel (con la colaboración de Egipto) mantiene un control estricto sobre todos los pasos fronterizos, controla su espacio marítimo y aéreo, se reserva el derecho a

realizar incursiones terrestres cuando lo considere oportuno y, además, Gaza depende de Israel en materia de agua corriente, electricidad, telecomunicaciones y otros servicios.[xi] Por si esto fuera poco, Israel mantiene un bloqueo económico desde entonces que impide cualquier tipo de vida digna. Por poner un ejemplo de hasta qué punto llega el sadismo israelí, ha habido temporadas en las que Israel medía las calorías que podían entrar en Gaza con el fin de que no excedieran de las suficientes para evitar una hambruna.[xii]

En 2006, el partido político de carácter islamista Hamas gana las elecciones a la Autoridad Palestina, lo cual desemboca en un conato de guerra civil palestina que finaliza con la división del gobierno de Gaza y Cisjordania. Hamás, que mantiene el poder en Gaza, siempre ha sido más contestatario frente a la ocupación israelí. En los últimos años, esto ha desembocado en cuatro grandes masacres (2008, 2012, 2014 y 2021) a las que el discurso israelí ha querido llamar “guerras”. Pero no olvidemos que Israel es fuerza ocupante, por lo que cualquier acción de Gaza contra Israel es un acto de legítima defensa. Y la desigualdad de fuerzas hace que el desenlace sea inevitable.

Hoy, entre masacres, ocupación y bloqueo, Gaza se ha convertido en un lugar de muy difícil habitabilidad. Es en la actualidad uno de los territorios más densamente poblados del mundo (cerca de 4000 habitantes por km²),[xiii] tiene una de las tasas de paro más altas del mundo (54%) y alrededor de un 80% de su población depende de la ayuda humanitaria para sobrevivir.[xiv] Los daños deliberados de los ataques israelíes a instalaciones médicas junto a la falta de suministro eléctrico provocan que todo el sistema de salud gazatí esté fragmentado y saturado. Un 85% de las peticiones del personal médico local para realizar viajes de formación son denegadas por Israel. En la última masacre en mayo de 2021, Israel se dedicó a bombardear y destruir instalaciones civiles, incluyendo 2300 viviendas y locales comerciales (y dejando inhabitables más de 22000), numerosas plantas de tratamiento de aguas (dejando sin agua potable a más de 400000 personas), 179 escuelas públicas o innumerables carreteras, entre muchas otras instalaciones.[xv] Y esto sólo es una serie de ejemplos de la última operación israelí, que se saldó además con 256 víctimas, incluyendo 66 niños y 40 mujeres.[xvi]

Todos estos números no bastan para hacer palpable la crisis humanitaria que viene sufriendo Palestina. Las explicaciones políticas no devolverán a hijas, hermanos, madres o nietos. Pero para entender cómo de excepcional es la situación, hay que comprender en profundidad qué significa Israel. Israel es un estado creado desde una base étnica, un hogar para el pueblo judío. Sin embargo fue fundado en un territorio en el que la mayoría no pertenecía a dicha etnia. En Israel siguen habitando ciudadanos palestinos de origen árabe que no pudieron ser expulsados en su momento. Y esto provoca automáticamente un estado de Apartheid. Por poner un ejemplo, existen más de medio centenar de leyes en Israel que discriminan a sus ciudadanos dependiendo de su origen étnico.[xvii] E Israel sabe

que sólo puede sostenerse a través de estas irregularidades democráticas, por lo que ya hace tiempo que renunció a tener una Constitución que otorgara igualdad de derechos a todos sus ciudadanos. En su lugar, va promulgando una serie de Leyes Fundamentales que van haciendo las veces de Constitución.[xviii] Ninguna de estas leyes fundamentales hace referencia a la igualdad de derechos y obligaciones de sus ciudadanos independientemente de su sexo, raza o credo. Sin ir más lejos, la última Ley Fundamental fue establecida en 2018 para definir al estado de Israel como “estado nación del pueblo judío”. La idea de Israel, que nació como un modo de escape para un pueblo oprimido y vapuleado especialmente en Europa, se ha acabado convirtiendo en una orgía de racismo y despotismo. Pero el mundo occidental lo sigue considerando un ejemplo de democracia, normalizando así la discriminación en base a los orígenes étnicos de sus ciudadanos.

Y toda esta situación sigue empeorando a medida que pasa el tiempo, estableciendo como parte del estatus político mundial una de las anomalías más grandes del mundo moderno. He hablado antes de cómo hicieron mella en mi persona siete años en Palestina, explicando que fui normalizando todas estas aberraciones, quizás para que mi mente sobreviviera a esa locura. Sin embargo, he aprendido a enfrentarme a esta sensación a través de otro sentimiento que no han sido capaces de arrancarme: la frustración y la rabia. Porque sólo manteniendo y expandiendo la idea de que esto no debería estar sucediendo, lograremos revertir esta situación en la que todos somos de alguna manera partícipes. Si el mundo acabó reaccionando a finales del siglo XX ante la barbarie del Apartheid sudafricano, ¿por qué no podemos hacer lo mismo en el caso del Apartheid israelí? Mientras ese momento llega, seguiremos preparándonos cafés y saldremos al balcón a seguir vigilando.


Notas de pie

[i] https://www.jewishvirtuallibrary.org/text-of-the-balfour-declaration

[ii] https://unispal.un.org/DPA/DPR/unispal.nsf/0/648C3D9CF58AF0888525753C00746F31

[iii] https://www.btselem.org/sites/default/files/publications/201803_minors_in_jeopardy_eng.pdf

[iv] https://www.btselem.org/sites/default/files/sites/default/files2/201506_presumed_guilty_eng.pdf

[v] https://statistics.btselem.org/en/intro/demolitions

[vi] https://mfa.gov.il/MFA/MFAES/MFAArchive/Pages/TERRITORIOS%20EN%20DISPUTA-%20Hechos

%20olvidados%20sobre%20la.aspx

[vii] https://visualizingpalestine.org/visuals/segregated-roads-west-bank

[viii] https://www.diagonalperiodico.net/panorama/lo-ocurre-palestina-es-incluso-peor-lo-vivimos-durante-a partheid.html

[ix] Ver Israeli settlers attack Palestinian residents, South Hebron Hills, 28 de marzo, 2020. https://www.youtube.com/watch?v=XhBefHrzgqk

[x] https://www.pressenza.com/es/2021/07/relator-de-onu-colonias-israelies-equivalen-a-crimenes-de-gu erra/

[xi] https://edition.cnn.com/2009/WORLD/meast/01/06/israel.gaza.occupation.question/

[xii] https://www.theguardian.com/world/2012/oct/17/israeli-military-calorie-limit-gaza

[xiii] https://es.wikipedia.org/wiki/Demograf%C3%ADa_de_Palestina

[xiv] https://unrwa.es/refugiados/campos/franja-gaza/

[xv] https://www.monitordeoriente.com/20210629-el-dano-deliberado-de-israel-al-sistema-sanitario-de-la-fr anja-de-gaza/

[xvi] https://www.ochaopt.org/content/response-escalation-opt-situation-report-no-3-4-10-june-2021

[xvii] http://itisapartheid.org/Documents_pdf_etc/DiscriminatoryLawsWithinIsrael2.pdf

[xviii] https://es.wikipedia.org/wiki/Leyes_fundamentales_de_Israel

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