Extremøphilia: subjetividad / arte / ciencia espacial

Por  Tatiana Avendaño
Filósofa

Género: Revista

Autor/a/es(traductor/a) o colectivo: Fabiane M. Borges

Título de la obra: Vol. 1, Revista Extremøphilia, Vol. 6, N. 6 Revista de questões, filosofia, tradução e arte

Fecha o periodo que abarca: 2018

Editorial/lugar: Departamento de Filosofía de la Universidad de Brasilia

Curaduría: Fabiane M. Borges y  Eduardo Duwe

País de origen: Brasil

ISSN 2447-7087

Dirección: http://periodicos.unb.br/ojs311/index.php/dasquestoes/issue/view/1501

En el equinoccio del Killa Raymi, el 22 de septiembre de 2018, fue lanzada la primera edición de la revista Extremøphilia, que nace a partir  de la convocatoria a la sexta edición de la Revista de las cuestiones (en portugués Revista de questões, filosofia, tradução e arte) del Departamento de Filosofía de la Universidad de Brasilia. Hilan Bensusan, integrante del equipo editorial de la Revista de las cuestiones, invitó a Fabiane M. Borges (psicoanalista investigadora de las ciencias y artes espaciales) a coordinar la convocatoria de una edición dedicada a pensar la relación arte, subjetividad y ciencia espacial. Para este trabajo, Fabiane invitó a su vez a Eduardo Duwe a colaborar en la coordinación de la sexta edición. Fue en este proceso que nació Extremøphilia.

El nombre de la revista surge de la admiración por las bacterias capaces de habitar en condiciones extremas de temperatura, salinidad, gravedad, radiación, o presión atmosférica. Extremøphilia resulta de la unión de dos palabras: del latín extremus (extremo) con el griego philia (amor): “amor por los extremos/amor extremo”. Más allá de las bacterias, su existencia milenaria y posibilidades de mutación y pervivencia, la extremøphilia remite a la posibilidad de desarrollar un pensamiento cosmopolítico que aborde de manera radical las políticas de la actualidad: la identidad de género, raza, clase; la migración, la explotación de la naturaleza y la globalización corporativa. Es una provocación a traspasar los límites terrenales del pensamiento, el arte y la construcción de la subjetividad.

Interesados en la producción de pensamiento especulativo y ficcional, la difusión de investigaciones académicas y proyectos experimentales científicos y artísticos, Fabiane y Eduardo lanzaron en febrero de este año un llamado a través de internet en inglés, español y portugués, con ocho ejes de trabajo,[1]presentados como campos de posibilidad más que como límites o parámetros de evaluación. La convocatoria tuvo una gran acogida, y generó un trabajo editorial más extenso de lo que imaginaban. El resultado final es una revista que nos regala varias vías de entrada al pensamiento extremophilico, la mayoría de los artículos seleccionados difícilmente se pueden clasificar en uno solo de los ejes propuestos.

Este primer número recoge textos de diferentes países, la mayoría de ellos en inglés, otros en español, francés y portugués. Los textos de esta primera edición permiten acercarnos por distintas vías a problemáticas actuales a partir de la relación arte, ciencia y espacio. Es posible afirmar que una idea presente en todos es la exploración de la noción de “espacio” desde el pensamiento y la creación, como oportunidad para pensar un nuevo comienzo de humanidad que sea menos antropocéntrico.

Annick Bureaud (Francia) propone una cartografía de la relación entre arte y satélites, diferenciando el arte satelital (uso de satélites existentes o de sus datos para la creación) de los satélites artísticos (lanzamiento de objetos con fines plásticos). Por su parte, el texto de Pedro Soler (España/Ecuador) comparte la curaduría Arte en órbita, expuesta en el Centro de Arte Contemporáneo de Quito en el 2015, una propuesta que reunió proyectos artísticos espaciales de países ubicados sobre la línea ecuatorial. El colectivo de artistas “Kongo Astronauts” presenta una reseña de su trabajo desde Kinshasa, capital de la República Democrática del Congo; para ellos la especulación sobre el espacio es una estrategia de resistencia pos-colonial que se manifiesta en diferentes prácticas artísticas. 

Helena K. Boscolo y Laercio Namikawa de São José dos Campos, del Estado de Sao Pablo, comparten imágenes del Parque Nacional del Iguazú tomadas por el satélite chino-brasileño CBERS-4: un acercamiento a las poéticas creadas por satélites. Los Astrovandalistas (Brasil/EUA) presentan su proyecto Imaginário inverso: a través del tallado láser de rocas quieren dejar mensajes para el futuro o para los habitantes de otras galaxias.

Cuestionar las relaciones entre nosotros y con los otros cuerpos vivos, experimentando otras formas de comunicación, es lo que proponen Arendse Krabbe & Mirko Nikolic (Dinamarca)con la presentación de su proyecto transensorial remoto de comunicación telepática multitemporal a través de líquenes, el vagabundeo hemisférico interplanetario a través de organismos endolíticos.

Helen Schell (Inglaterra), con su artículo “Moonstruck…….Did a woman land on the Moon?” nos introduce en el misterio de la astronauta de la NASA, Jeanne J. Crane, que murió el 17 de agosto de 2001, a los 38 años, y pudo haber sido la primera mujer en pisar la luna, así como la primera persona en morir en el espacio durante el despegue de su nave para retornar a la tierra durante la operación “Leda 1”. No hay muchos datos sobre ella; lo poco que se conseguía en internet ha desaparecido y en los archivos de la NASA no hay información.

La ciencia ficción como campo de pensamiento filosófico es lo que explora Carlos Henrique Carvalho (Brasil), quien presenta un texto en el que se analiza el cyberpunk como una cuestión estética y política, comparando la producción de ciencia ficción de los años ochenta con la actual.

Para acercarnos al afrofuturismo, Kênia Freitas y José Messias (Brasil) entregan un artículo que cuestiona el lugar de las distopías de las narrativas negras contemporáneas, para introducirnos a una lectura pos-apocalíptica del presente. Por su parte, Fabiane M. Borges nos permite reconocer el afrofuturismo como una tradición de pensamiento que tiene una incidencia real no solo en el campo del arte, sino también en los movimientos sociales. Leila Lopes nos ofrece otra aproximación al afrofuturismo con sus imágenes afro-utópicas y erótico-espaciales. Uno de los textos más importantes de esta publicación es el Manifiesto Terracosmista,[2]construido colectiva y especulativamente en la II Comuna Intergaláctica[3]2018, que permite acercarnos al pensamiento extremophilico con todas sus raíces y posibles derivaciones.

Desde México, Juan José Infante nos acerca a las peripecias burocráticas necesarias para lanzar un objeto al espacio, a través del proyecto Ulises.En la misma línea de las políticas públicas espaciales, Joanna Griffin (Inglaterra/Índia) y Alejandro Duque (Colombia, Suiza), cada uno por su parte, nos recuerdan la “Declaración de Bogotá”, un documento firmado el 3 de diciembre de 1976, durante la primera reunión de países ecuatoriales (Brasil, Ecuador, Colombia, Indonesia, Uganda, Kenia y República del Congo), con miras a defender el espacio ultraterrestre, que hace parte de nuestro territorio y al que deberíamos poder acceder en cuanto las condiciones tecnológicas permitan ubicar nuestro propio satélite en el espacio exterior. Estos países tienen en común la línea ecuatorial y, por tanto, también la Órbita geoestacionaria, que es la órbita ubicada sobre la latitud 0º. Los objetos que en ella se ubican (a una distancia aproximada de 35.871 km por encima de la Tierra) tardan 24 horas por giro sobre nuestro planeta, por lo cual parecen inmóviles o estáticos sobre nosotros. Este es el espacio ideal para los satélites de radio y televisión por la aparente inexistencia de movimiento. En 1967, la ONU intentó declarar laÓrbita geoestacionaria como un bien común de la humanidad, para que pueda ser explotada por todos los países.

Los textos de Duque y Griffin nos invitan a recuperar la discusión sobre la extensión aérea del territorio y los límites de la gravedad vs. el dominio de los países ricos y las corporaciones sobre la línea del Ecuador. Recordemos que el 21 de agosto del 2018, el presidente Lenín Moreno anunció un paquete de medidas económicas para recuperarla economía ecuatoriana,[4]que incluye la eliminación de ministerios, así como también la fusión y supresión de otras instituciones, entre las cuales se encuentra el Instituto Espacial Ecuatoriano (IEE)[5] que pasará sus atribuciones al Instituto Geográfico Militar. Para algunos, el problema radicaba en que el Instituto dependiera del Ministerio de Defensa, más allá de los cuestionamientos sobre el clientelismo, la corrupción y la inoperatividad de la institución. Lo cierto es que Ecuador le ha puesto un límite al ejercicio de sus derechos sobre el segmento que le corresponde en la Órbita geoestacionaria.[6]Perder la observación de la Tierra es congelar las posibilidades de desarrollo científico en temas relacionados con el sensoriamiento o percepción remota, los sistemas propios de información geográfica, la gestión de geoinformación temática orientada a la defensa, el inventario de recursos naturales, la promoción del uso pacífico del espacio ultraterrestre, entre otros objetivos del IEE.

Sin embargo, aceptando la invitación de la revista Extremøphilia, podemos pensar que el cierre del IEE inaugura un campo infinito de creación y pensamiento especulativo en relación al espacio exterior. Podemos arrebatarle a la ciencia y a la religión el dominio exclusivo del pensamiento y la salvaguarda del espacio exterior. Cuando observamos las relaciones entre el Vaticano y la NASA, que parecen de ciencia ficción o parte de una acción performática, salta a la vista la potencia plástica de esta relación.[7]Si sobrepasamos los límites territoriales, nuestros referentes, las barreras de nuestro pensamiento explotarán en mil pedazos y flotarán eternamente en la infinitud del espacio exterior. Crear teniendo como aspiración el campo infinito de ese espacio es romper la barrera de lo conocido, traspasar el límite del lugar sagrado donde habita el dios católico… ¡Boom! Podemos conquistarlos cielos pensando fuera de los límites de la bóveda celeste: cuestiones como el sexo, el género, la religión, la política, nuestra relación con la naturaleza, la vida y con nosotros mismos.


Notas

[1] Ver: https://saciesite.files.wordpress.com/2018/01/extremophilia_llamada_abierta.pdf.

[2]Verhttp://periodicos.unb.br/index.php/dasquestoes/article/view/31173/21522 y https://www.facebook.com/extremophilia. El Manifiesto Terracosmista surgió a partir de un laboratorio coordinado por Fabiane M.Borges y Leno Veras, durante la Comuna Intergaláctica II, llamado Ficción Especulativa. El manifiesto fue compuesto a través de la elección de algunas palabras clave que el término TERRACOSMISMO suscitaba. Este se deriva del Cosmismo ruso (https://es.wikipedia.org/wiki/Cosmismo_ruso) y del concepto terranos de Donna Haraway. Durante los días del laboratorio, se encontraban en el parque para leer otros manifiestos y hablar acerca de esos conceptos. Así se fueron construyendo las palabras. El resultado fue un manifiesto de ochopuntos principales que son: 1) Terranos, 2) Cosmistas, 3) Terracosmista, 4) Anarcomunales, 5) Criptoparanóicos, 6) Desaceleracionistas, 7) Panspermianos Animistas, 8) Impactitos.

[3] Ver http://comuna.intergalactica.space/. En noviembre de 2017, se desarrolló la I Comuna Intergaláctica en el Observatorio del Valongo en Río de Janeiro. La segunda se llevó a cabo este septiembre en el Planetario y Escuela de Astrofísica de São Paulo en el Parque del Ibirapuera (el mismo parque que acoge la bienal de São Paulo). Para hablar de la  Comuna Intergaláctica, es necesario referirse al MSST, el Movimiento de los Sin Satélite, que en palabras de Fabiane M.Borges “[…] es una propuesta que está menos en la estética del hackerismo europeo, más volcado a un movimiento trandisciplinar que convoca a científicos espaciales, astronómicos, filósofas, astrofísicas, artistas visuales, indígenas, quilombolas, todos los que puedan y quieran contribuir a ampliar la discusión y traer el espacio para el debate, pensando la Tierra principalmente como parte de lo que llamamos espacial”. La Comuna Intergaláctica, por su parte, es más popular y, al mismo tiempo, más especializada. El MSST es una propuesta poética pero también política e intenta aprovechar en mayor escala la discusión sobre el papel del tercer mundo en las ocupaciones espaciales, entonces el MSST es poética y política, artística e intervencionista. La ComunaIntergaláctica parte de esa misma idea, pero intenta avanzar en esos niveles institucionales y en la ocupación del Espacio.

[4] Ver  https://www.eluniverso.com/noticias/2018/08/22/nota/6917855/que-labor-cumplio-agencia-espacial-ecuatoriana-cuya-eliminacion.

[5]El Instituto Espacial Ecuatoriano fue creado con el Decreto Ejecutivo No. 1246 del 19 de julio de2012, publicado en el Registro Oficial No.759 del 02 de agosto de 2012, como entidad de derecho público, con personalidad jurídica y patrimonio propio, dotado de autonomía presupuestaria, financiera, económica, administrativa y de gestión, adscrito al Ministerio de Defensa Nacional, con domicilio principal en el Distrito Metropolitano de Quito, provincia de Pichincha.

[6] Por su parte, las empresas privadas continúan avanzando. Según una noticia del 6 de octubre, durante el 69º Congreso Internacional de Astronáutica, la Agencia Espacial Civil Ecuatoriana (EXA), la Agencia Espacial de Colombia (AEC) y la empresa Astrobotic, firmaron un convenio para iniciar una campaña de exploración lunar, usando un satélite de esta última empresa.Ver https://www.elespectador.com/noticias/ciencia/colombia-y-ecuador-firman-convenio-para-enviar-mision-la-luna-articulo-816510.

[7] https://www.theguardian.com/world/2017/oct/26/pope-francis-to-call-international-space-station.

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